De gacela a caracol
De la acción a la apertura. De la apertura a la contemplación.
En el trabajo sobre algunas actitudes que pueden ayudarme a construir una relación saludable conmigo misma, acogí la novedad de abrirme a la pausa, pasar de la acción al despertar de la contemplación, acoger otro ritmo en mi estilo normal de vida.
De gacela a caracol.
Porque soy una mujer de acción, ágil, despierta, resolutiva, con una mente abierta y rápida. Amo la vida, la disfruto, con creatividad contemplo el horizonte con los pies en la tierra para pasar a los actos. Y así la imagen de una gacela me refleja.
El caracol es símbolo de lentitud, de conexión con el presente, su movimiento es consciente, no impulsivo. Su caparazón puede verse como un viaje hacia el interior de uno mismo, hacia la contemplación. Creo que no seré nunca una caracol y sin embargo hay algo de lo que le identifica que hoy me alcanza.
Estoy en un proceso de transformación, de crecimiento para pasar de una vida más centrada en la acción y la resolución (gacela) a una vida un poco más reflexiva (caracol). De la acción a más pausa y con ello más conciencia.
Y este proceso se inició un día –sin aviso- en que paré y comencé a sentir, a apreciar el valor de ir un poco más lenta, que no pasiva, para estar más presente a mí, habitar más conscientemente mi mundo interior, todas esas cualidades, capacidades que me dicen que mi corazón es fundamentalmente de gacela y mi espíritu busca el camino de caracol. En interacción.
Puedo estar, contemplar… y ser.

