PUEDO ELEGIR CÓMO VIVIR LOS ACONTECIMIENTOS Y SITUACIONES.

Podemos tener diferentes formas de vivir las normas y decisiones colectivas. Es posible elegir cómo vivir lo que nos acontece para dirigir nuestra vida desde lo mejor de cada uno sin ser arrastrados por las circunstancias. Si aprendemos a ver de dónde provienen nuestras decisiones y optamos por elegir que vengan de lo mejor de uno mismo nos sentiremos mas libres y más conscientes de aquello que verdaderamente dirige nuestra vida. Así se desarrolla lo positivo de nosotros, algo que también llevará a contribuir a la humanización de nuestro entorno.

Luis Avilés

Tue, 05/05/2020 - 10:27

Hace unos días, en el curso “Retos y oportunidades en periodo de coronavirus”,  una de las participantes, madre separada, comentó que este confinamiento estaba siendo duro para ella. El motivo era que, debido a su trabajo con público y al hecho de tener hijas con problemas respiratorios, había decidido que sus hijas no estuvieran con ella durante la cuarentena. Suponía una renuncia importante. Y añadía: “para mí, el confinamiento no lo vivo como una privación de libertad, no me siento forzada a hacerlo. Yo sé que es lo mejor para la población y para la salud de mis hijas, y supone una opción libre el hacerlo”.

Es esto último lo que quiero resaltar. La experiencia de esta persona me revela que podemos tener diferentes formas de acoger y vivir las normas y decisiones colectivas que “toman” por nosotros.

Cuando el gobierno, en este caso, decreta un estado de alarma e impone restricciones a la libertad de los ciudadanos, podemos vivir esta restricción de muchas maneras:

  • Puedo vivirlo desde el miedo a la autoridad, acatando la orden por miedo a las represalias, a las multas.
  • Puedo hacerlo desde el miedo a enfermar, o a que enfermen mis seres queridos.
  • Puedo vivirlo desde la rabia o el enfado, desde el sentimiento de que me están obligando a hacer algo que no he elegido, que no quiero, o en lo que no creo.
  • Puedo vivirlo desde el pesimismo, la angustia, la ansiedad...
  • Pero también puedo hacerlo desde algún aspecto de mi ser (lo mejor de mí); por ejemplo, desde la paciencia, la serenidad, la confianza, etc.
  • En el caso de esta madre, desde el sentido de solidaridad con los demás, desde una conciencia de formar parte de un conjunto y de que su actuación puede afectar o, incluso, dañar a otros. Esta forma de actuar, en la que se decide teniendo en cuenta todo: a los otros y a toda nuestra persona en su conjunto, lo llamamos en PRH, ser fiel a la conciencia profunda; o, en otros contextos, tener una “conciencia social” (que no socializada) que nos hace tener en cuenta y empatizar con los otros,  ser conscientes de que nuestras decisiones afectan a más personas y solidarizarnos y colaborar con una decisión que, pudiendo ser más o menos acertada, pretende un bien (un mal menor) para el conjunto de la sociedad. Ésta fue la opción de esta madre.

 

Esto es un ejemplo, pero puede haber infinidad de situaciones en las que entra en juego nuestra conciencia social:

  • ¿desde dónde pago mis impuestos?
  • ¿desde dónde vivo o ignoro el reciclar?
  • ¿desde dónde reacciono cuando me encuentro circulando en coche por una calle estrecha y veo que otro coche quiere salir de un aparcamiento?
  • ¿desde dónde hablo en voz alta o baja en un espacio público donde puedo molestar a otros con mi conversación?
  • ¿desde dónde vivo el consumir?

Pero, volviendo al caso que nos ocupa, quiero destacar aquí que podemos elegir cómo vivir lo que nos acontece. Tenemos la capacidad de optar y referirnos a distintos aspectos de nuestra persona: los principios, el deber (nivel mental), los sentimientos y emociones (nivel emocional), los valores y aspectos positivos de nuestra personalidad (nivel profundo). Esta posible elección hace que podamos dirigir nuestra vida desde lo mejor de nosotros y no ser llevados o arrastrados por las circunstancias, los miedos, los deseos de los demás, etc.

Para ello tenemos que:

  1. Aprender a identificar los distintos niveles de mi persona.
  2. Detectar a qué nivel se activa la decisión en primer lugar.
  3. Ser capaz de parar y cambiar el punto de referencia, optando por vivir la decisión desde lo mejor de uno mismo, desde lo positivo.

Los resultados de todo esto nos lleva a sentirnos más libres interiormente, más conscientes de qué dirige nuestra vida y más felices por desarrollar y secundar lo positivo en uno mismo. Dentro de lo positivo de nosotros está el “ser-con-otros”, esos aspectos que nos llevan a tener en cuenta el bien social y la humanización de nuestro entorno.

En los cursos PRH tratamos de ayudar a que las personas puedan progresar en esta forma de decidir en libertad y autenticidad, aprendiendo a que cada uno se descubra y aprenda a ser fiel a su propia conciencia profunda. Y, si no podéis hacer un curso PRH, os animo a leer el libro “Saber decidir, clave para ser feliz, donde se expresa esta forma de vivir la toma de decisiones.

Para terminar, os animo a preguntaros:

  • ¿me siento satisfecho/a de mi forma de tomar las decisiones?
  • ¿decido desde lo primero que me viene o soy capaz de acoger otros planteamientos distintos de los iniciales?
  • ¿tengo el reflejo de preguntarme: “desde dónde estoy decidiendo” ? o, dicho de otra manera: ¿cuáles son mis referencias en las tomas de decisiones?

Comentarios

Begoña Esparza
10 August 2020
Qué importante la lucidez de nuestras decisiones para llevar realmente nuestra vida, no que la vida nos lleve a nosotros.

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