Estar vitalizado por el entorno humano

Todos tenemos la experiencia de algunos vínculos preciosos que nos alimentan a nivel profundo, personas con las que compartimos aspiraciones comunes, que nos aceptan como somos, con benevolencia y confianza. Cuando encontramos a esas personas y entramos en relación con ellas, se establece una transfusión de vida profunda. De la relación salimos crecidos, felices, plenos de energía, vitalizados, confiados, con ganas de ir hacia adelante.

PRH Ibérica

Tue, 07/14/2020 - 19:37

Se precisa, a menudo, mucha energía para afirmarse más allá de los frenos, las reservas, la timidez, el miedo, la imaginación… Es preciso, igualmente, man­tenerse en una actitud adecuada ante el otro, sin borrarse, por un lado, o cuidando no ajustar cuentas en su presencia, no tratar de dominarlo, ni de imponerle, sin rodeos, lo que uno tiene que decirle. El gasto de energía alcan­za el punto máximo cuando tratamos de afirmarnos con respeto ante alguien desagradable, agresivo, que no coopera, que tiene mala fe, o, simplemente, que no es asertivo.

Esta energía, para existir y afirmarse con autenticidad y respeto, la tomamos de nuestro cuerpo, cuando está en forma; pero, sobre todo, la recibimos de nuestro ser, cuando está suficientemente emergido y vivo. Sentimos entonces una fuerza interior, una determinación, una solidez que nos impulsa interior­mente a vivir de acuerdo con lo que somos en lo más profundo de nosotros mismos.

Para que esta energía interior emerja de nuestro ser y llegue a sobrepasar nuestros viejos reflejos de sobre-afirmación o de no-existencia, es capital que nuestro ser tenga en cuenta su vitalización. Todos tenemos la experiencia de algunos vínculos preciosos que nos alimentan a nivel profundo, personas con las que compartimos aspiraciones comunes, que nos aceptan como somos, con benevolencia y confianza. Cuando encontramos a esas personas y entramos en relación con ellas, se establece una transfusión de vida profunda. De la re­lación salimos crecidos, felices, plenos de energía, vitalizados, confiados, con ganas de ir hacia adelante.

 

"Escribí, hace unos días, una carta a mi tía Béatrice para comunicarle mis sensa­ciones respecto a nuestros encuentros de los meses pasados. Éstos son para mí una fuente de vida. Me agrada mucho compartir con ella lo que me importa. Siento que puedo ser transparente, mostrarme tal como soy y ser reconocida. Su sentido del humor, su energía, su pasión me hacen mucho bien. Cuando la miro, me trasmite entusiasmo y me reconcilia conmigo misma.

Con ella me siento abierta para escuchar opiniones diferentes. Si expresa un pa­recer divergente al mío, sé que no vamos a hacernos daño. Tampoco se trata de convencer. Hay una comunicación abierta y franca. Nuestra relación me hace renacer y eso me produce satisfacción y agradecimiento".

Cécile

La necesidad de vitalización se refiere a personas;  pero también a ambientes, «atmósferas», a imagen de este aire suficientemente oxigenado que necesita­mos. Necesitamos lugares o relaciones en los que emane un ambiente posi­tivo, de convivencia, agradable, estimulante, donde el diálogo sea abierto, y se admita el error;  donde lo mejor de cada uno tenga derecho a ser expresado libremente. No podemos vivir constantemente en un ambiente de estrés, de negatividad, de idealización o de inseguridad, sin que la calidad de nuestra existencia ante los otros se vea afectada.

La necesidad de vitalización profunda es, a veces, subestimada. No siempre valoramos lo esencial que es para la vida de nuestro ser y la afir­mación de nuestra personalidad. La vitalización de algunas personas, que nos insuflan su propia energía profunda, es un alimento. Carente de vitalización, nuestra vida interior se empobrece, se queda mustia. Pronto llegamos a ser incapaces de afirmarnos sanamente, con buen tono, con las «baterías carga­das» ante los demás.

Otras fuentes de vitalización que tienen este efecto de «ensancharnos» y to­nificarnos, además de las relaciones humanas, son: el contacto con la natura­leza, la lectura de ciertos libros, los tiempos de meditación, la contemplación de obras de arte, una vida espiritual profunda...

Del mismo modo que todos los días alimentas tu cuerpo para que tenga la energía necesaria para vivir, podrías acostumbrarte, si aún no lo haces, a «alimentar» tu ser cotidianamente en todas esas fuentes de vitalización. La afirmación de ti mismo ganará en vigor y serenidad. Puedes comenzar por prestar atención a todo lo que te da vida: la sonrisa de un niño, un compañero simpático, un comerciante agradable, una abuela llena de dulzura y sabiduría, un poema, una hermosa planta, una bella foto, un hermoso mobiliario, una obra de arte, un rincón de la naturaleza cerca de tu casa... Abriendo bien tus ojos, te asombrarás al constatar lo mucho que la vida silenciosa de los seres y de las cosas es capaz de vivificarte en profundidad.

 Del libro: "Afirmarse de un modo auténtico y respetuoso", 2014 PRH-International, págs. 46 - 48


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